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¿Una verdadera educación?

Alejandro Boucabeille

Todos nos acordamos de nuestros tiempos de alumnos y de estudiantes. Nos reímos de algunos maestros que teníamos por la didáctica negativa que ejercían, mientras que nos recordamos con mucho placer y satisfacción de los profesores que impartían con gran autenticidad e interés. En nuestras carreras escolares, algunos pocos de nosotros, hemos admirado a máximo una mano de maestros selectos. Finalmente no era tanto la inteligencia del “Einstein”, la originalidad del “Tesla”, la profundidad del pensar de la “Beauvoir” o la belleza erótica del hombre o mujer frente al pizarrón, lo que nos llamaba tal vez la atención, sino más bien, la pasión, entrega, la integridad así como la voluntad de transmitir su materia especifica. En mi caso era sobre todo la actitud. El querer saber más, cuestionar y profundizar en todo.

 

 

El no conocer fronteras algunas ni limitarse a una visión unidimensional. Yo simpatizaba bastante con mi profesora de alemán y literatura. Aunque venia de un hogar de bibliófilos, mi carrera de lector empezó más tarde de lo común. Es ahí, como a los 15 años que se me empezó a abrir un mundo. Más bien varios mundos. Gran tesoro. Un baúl lleno de sentimientos, y está destinado a desaparecer (como el de los dinosaurios, la Edad Media, el Nazismo etc.). Tantas lecciones para el que quiere observar y no juzgar, aprender y desaprender, el que tiene un “fuego interior”. El poder ver al pasado, vivir en el presente como mirar al futuro, también me habilito en reconocerme. Lo fugaz que es la vida. Como lo mencionaba Jiddu Krishnamurti: desde que nacemos estamos encaminándonos a la muerte. Aparte de todo esto, ¿no es la educación y la filosofía una herramienta para aprender a vivir y morir bien?

 

Aceptar que la vida es la muerte y la muerte es la vida. Dos partes de la misma moneda. Que es un proceso. Energía que fluye y que tan rápido emociones, información, conocimientos, sabiduría y muchas sorpresas más. A través de ese acto podía olvidarme de las leyes naturales, de las fronteras académicas y sociales de la sociedad en la que vivía, dejar atrás el tiempo y el espacio, además me posibilitaba de comunicarme con los primeros humanos, de visitar, como en una máquina del tiempo, los momentos históricos que me interesaban, de estar presente en el llamado “descubrimiento y conquista” de las “Américas” y ver, sentir, escuchar y participar en otras versiones de lo comúnmente narrado, pero también de debatir con Sócrates y encontrar “las verdades”, charlar con mi querido Marco Aurelio, aprender de Confucio, como viajar a través de todas las culturas de África y conocer este gran continente más que solo en la superficie. Reconocer que también nuestro mundo es “construido”, que cambia constantemente que llegamos, tenemos conciencia de nosotros, tan rápidamente desapareceremos igualmente. Cada vez que observo la belleza del cielo y sus estrellas relucientes me sorprendo de lo importante que nos tomamos (nuestro Ego, identidad como nuestra nacionalidad y nuestro antropocentrismo). Aunque a lo contrario de los “radicales” como los fundamentalistas islámicos o conservadores Mexicanos, no me lleno de respuestas sino de más y más preguntas.

 

¿Qué es la edad promedio del humano de 50 a 80 años en comparación con la historia y existencia del cosmos? Parece que ni somos una caquita de mosca… ¿Cómo pueden declarar algunos “sábelo todo” usando la última versión de un IPhone que el único libro que merece ser leído es el Corán o la Biblia? ¿Por qué mantenemos posiciones morales, en asuntos de la fe y la sexualidad, tan anticuadas mientras que en otros aspectos nos comportamos todo lo contrario? La computadora, la medicina occidental y capitalista, así como otros productos culturales (películas, Televisión, radio etc.).

 

 

 

Lo que a mí me transmitieron mis profesores, a los que les agradezco mucho, es la curiosidad por querer saber más, atreverme a reconocer y aceptar que no puedo encontrar “verdades absolutas”, así como tomar la mejor actitud y con humor mi “papel en este mundo (teatro)”. No pude escoger las condiciones o el contexto cultural en las que nací, tampoco mi color de piel o mi cuerpo físico, pero si, y esto es una de las pocas verdades absolutas, mi actitud hacia los eventos y acontecimientos en la vida. ¿Soy un dador o tomador? ¿Construyo o destruyo? Yo aprendí que siempre tengo el poder en mi para seleccionar activamente como interpreto las cosas y como acciono y no reacciono hacia estos actos.

 

 

 

¿Parte fundamental de una educación amplia y verdadera? Esta reflexión sigue….Nihil Addendum.

 

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