Por David Martínez Téllez
La polémica por la legislación de matrimonios y adopción del mismo sexo ha llegado a su término.


El PRI ha decidido dar por concluido el debate porque en términos políticos le quita votos del sector llamado iglesia católica que, es una ideología, con mucha fuerza pues representa a 7 de cada 10 mexicanos.

Si bien los grupos lesbicogay son muy organizados y escandalosos todavía son escasos en comparación con los religiosos.

La iniciativa de igualar los derechos de los grupos homosexuales, lesbianas y transgénero despertó una controversia en todo el país. El PRI midió las consecuencias y, me imagino, concluyó que fueron más numerosos quienes están en contra de esos derechos, efectivamente humanos pero reditúan pocos votos.

La propuesta era de largo alcance, de poner al país a nivel en las mismas condiciones que las naciones de primer mundo. Para que el mundo observara que quienes gobiernan México son personas que vigilan los derechos humanos de todas las personas.

Sin embargo, en términos políticos no se trata de enviar una imagen de ser modernos, sino, en el terreno pragmático, de obtener el mayor número de votos.

El PRI ha comenzado a moverse en pos de conservar la presidencia en 2018.

En esta nueva imagen del PRI con su unidad otorgada por el triunfo de Trump también va de manera paralela la figura presidencial.

EPN en los últimos meses, como dirigente de México y de su partido, se ha visto mermada. Y aquella visita de Trump a Los Pinos su imagen descendió a niveles preocupantes en donde apenas dos de cada 10 personas le otorgaban crédito favorable.


Triunfó Trump y políticamente se levantó EPN.

El PRI es un partido que observa para el futuro mediato. Y adquiere fuerza con un presidente políticamente fuerte.

Un triunfo electoral ofreció un viraje político en la imagen de Enrique Peña Nieto. Tuvo el tino o la visión, así se percibe, de apostarle a Trump.

Comentarios

comments