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La ruta de la devastación y el olvido, en Guerrero. Historias de devastación y olvido.

La ruta Huitzuco-Chaucingo-Teocalcingo en la zona colindante de los municipios de Huitzuco de los Figueroa y Atenango del Río, resultó gravemente afectada por el sismo del pasado 19 de septiembre. Las familias damnificadas siguen durmiendo a la intemperie, con el riesgo de que sus casas, o lo que queda de ellas, se derrumben.
Hasta el domingo pasado, las personas de Escuchapa, Coahuilotla, San Juan Teocalcingo y El Perillo, no habían sido visitadas por el Gobierno de Guerrero para hacer una valoración de sus estructuras que, evidentemente fueron devastadas.
En estas carreteras, algunas pavimentadas y otras no, e incluso algunas veredas en las que apenas caben las llantas de los vehículos, hay varios derrumbes constantes en los que maquinaria del municipio trabaja durante el día, todos los días, para abrir paso a los automovilistas.

Chaucingo es el punto medio. Pertenece al municipio de Huitzuco de los Figueroa y presentó daños severos en más de 20 viviendas; en una de ellas, murió una mujer.

Escuchapa
Antes, viniendo de Huitzuco, esta la localidad de Escuchapa, donde hay más de 20 viviendas dañadas que las familias tuvieron que desalojar.
Una de las escenas más impactantes está en la casa de Don Refugio, cuyos techos de teja y madera colapsaron totalmente, así colo varias paredes de adobe con revoque.
El hombre de 62 años, recuerda que estaba afilando su machete cuando ocurrió el temblor, en su patio, por lo que de forma milagrosa no le cayó su casa encima.
También está el caso de doña María, a quien le llevó 10 años construir una grande casa de dos plantas, con tabique y concreto, a diferencia de la mayoría de las casas del pueblo que son de adobe y teja.
Es una casa ubicada a unos metros del centro del pueblo, llamativa porque es una de las más grandes. Los muros que la rodean miden aproximadamente 10 metros de altura y, por dentro está cubierta con mármol y azulejo blanco.
Al centro de la vivienda hay unas lujosas escaleras que prácticamente quedaron desprendidas del segundo piso. Los baños y cuartos parecen ruinas porque aún están las partes del techo y paredes regadas por todos lados.

Esta casa no colapso totalmente pero, quedó descuadrada, con las paredes partidas de lado a lado. La imagen de esta casa es una de las más impactantes, por su tamaño.

Coahuilotla

Para llegar a Coahuilotla en vehículo, se recorre una carretera de terracería durante aproximadamente una hora, desde Chaucingo. Se cruza un enorme rancho de Gilberto Castrejón Castro, un conocido ganadero de la región que murió el pasado mes de junio, y está enterrado en su propias tierras.
En la propiedad, a un costado de la carretera luce su cruz de mármol, y en sus gigantescos corrales repletos de plantas, árboles y espinos, hay vacas, toros, burros normales y enanos, e incluso llamas, entre muchos más animales.
El rancho contrasta con la devastación que en estos momentos hay en los pueblos que lo rodean, y la pobreza extrema de decenas de familias.
Al llegar a Coahuilotla todo parece normal, pero al platicar con la gente, enseguida informan que hay al menos 10 casas dañadas de forma brutal y muchas más con afectaciones menores, por el último sismo con epicentro en Morelos, muy cerca de ahí.
En este lugar, hasta el domingopasado ni siquiera había llegado Protección Civil del Estado para levantar un censo de las familias damnificadas, aunque no es de difícil acceso.
Una de estas casas es la de don Máximo Páez Castrejón, de 70 años, quien relató que durante el sismo estaba de compras en Huitzuco, donde sólo levantó las manos y mirada al cielo para pedirle a Dios que si era su voluntad llevárselo, estaba dispuesto.
A su alrededor caían pedazos de loza, teja, tabique y piedras, pero no le pasó nada.
Al terminar el movimiento se dirigió a casa de algunos familiares ahí en Huitzuco, para corroborar que estuvieran a salvo, y así fue.
Regresó contento a su casa, en Coahuilotla pero al llegar, se encontró con la desgracia. Su casa estaba totalmente destruida; una pared y parte del techo se vinieron abajo, quedando desechos sobre sus viejos muebles.
Pese a ello, agradeció a Dios: “¡Lo bueno que estoy vivo!”. La primer noche durmió en su a acá que tenía colgada de dos árboles en su patio, pero a la segunda noche ya no pudo porque llovió.
En los dos primeros días rescató los pocos muebles que aún sirven, su camastro y parrilla. Los sacó y coloco bajo una vieja galera, donde ahora es su cuarto, cocina y zona de descanso; todo, amontonado.
Perillo
El Perillo es la zona más devastada. Es un anexo de Chaucingo pero que está a una hora de camino de Coahuilotla, en camionetas 4×4 o vehículos tubulares todo terreno, sobre una vereda con partes lodosas, piedra suelta, arbustos en abundancia o curvas completamente cerradas en las que apenas y cabe un automóvil.
La ranchería está junto al río Amacuzac, enclavada entre enormes montañas y parajes hermosos con abundancia de maíz y sorgo.
Viven ahí unas 20 familias y todas resultaron afectadas por el sismo del 19 de Septiembre. Las que corrieron con más suerte, aún tienen sus casas de pie, pero con riesgo de colapsar en cualquier instante. Sólo dos casas muestran daños menores.
Pero la mayoría, 12 aproximadamente, colapsaron parcial o totalmente.
Doña Guillermina perdió su casa. Cuenta que fue a traer unas cubetas de tierra para aplanar su piso cuando empezó el temblor. Iba llegando cuando escuchó el rugir del suelo, e inmediatamente empezaron a caer los pedazo de adobe y teja, rebotando uno de estos hacía su cuerpo, pero afortunadamente pegó contra la cubeta que traía en la mano.
La mujer de unos 45 años vio como su casa de desmoronó, y se soltó en llanto. Cuando terminó el movimiento, inmediatamente como muchas otras familias, empezó a rescatar sus ropas, muebles y documentos, de entre los escombros.
Igual que varias familias de ahí, no tiene donde dormir. Algunas familias se construyeron galeras provisionales en la parte superior del poblado, mientras que otros se quedan con vecinos en sus casas que, podrían caer en cualquier momento.
En Perillo, por el difícil acceso, elementos del Ejército Mexicano y la comisaria de Chaucingo pudieron llegar hasta cuatro días después del sismo, pero no es fácil regresar, porque si llueve, es imposible cruzar el único camino existente.
San Juan Teocalcingo
En Teocalcingo hay 26 casas dañadas; de estas, 6 colapsadas totalmente. Es un pueblo grande que ya está en el territorio perteneciente al municipio de Atenango del Río.
Esta a unos 10 minutos de Coahuilotla, pero también tiene acceso por la Autopista del Sol.
En este lugar vive la familia de don Pablo, que la integran 6 personas. Su esposa y cuatro hijos; el más pequeño, Stiven, sufre de epilepsia. Tan sólo las medicinas para sobrellevar este problema, son un golpe económico basta te fuerte para ellos que viven de el campo.
Días antes del temblor habían sacado un ropero a crédito, pero sobre este calló el techo de la pequeña casa de un solo cuarto y, una galera como cocina.
Pero la familia celebra entre lágrimas que todos estén vivos, porque al momento del temblor también estaban fuera de la vivienda. Sólo que, perdieron todo. De entre sus cosas sólo lograron rescatar dos camas.
Ahora las noches las pasan en su cocina, solo cubiertos por láminas galvanizadas sobrepuestas y atadas de varios palos de madera.
Pero en la parte superior de lo que queda de su casa hay varias rocas apuntó de rodar, y zonas inestables con deslaves que podrían acrecentar.
Estos son sólo algunos casos de decenas que hay en estos pueblos, entre la desgracia y devastación que dejó el sismo del pasado 19 de septiembre. 

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